Compositor Antonín Dvořák. Libreto de Jaroslav Kvapil.
Cuento lírico en tres actos (1901)
Recomendado para mayores de 16 años.
En lengua checa. Con subtítulos en alemán e inglés.
Rusalka se siente atrapada en un mundo del que no hay escape. Está dispuesta a arriesgar su inmortalidad a cambio de un alma humana, para poder ganar el amor de un apuesto príncipe. Pero debe pagar por ello con su voz. Silenciada y liberada de su oscuro mundo, se ve obligada a observar cómo el príncipe la rechaza en favor de una princesa extranjera, condenando a ambos. No puede vivir, no puede morir, y sin embargo, al final, ayuda al príncipe a encontrar su muerte con un beso "salvador".
En su ópera Rusalka, que se estrenó en 1901, Antonín Dvořák y su libretista Jaroslav Kvapil mezclaron el mito eslavo de la mujer vengativa no muerta del agua con personajes de cuentos de hadas como Undine de Friedrich de la Motte Fouqué y La sirenita de Hans Christian Andersen. Los fascinantes mundos musicales, los momentos líricos y altamente dramáticos hicieron de Rusalka una de las óperas checas más exitosas jamás escritas.
Argumento
El argumento se basa en una fábula popular de Moravia. Rusalka, la ondina de los lagos, le pide a una bruja que la transforme en mujer para entregarse al amor de un joven príncipe. El poder de la bruja es relativo y la ninfa se convierte en una princesa muda. Se trata de una obra de fantasía, en la cual el elemento dramático apenas existe, centrando la acción en su contenido poético y simbólico.
Acto I
Un prado al borde de un lago
Tres ninfas acuáticas bailan felices hasta la llegada de su padre, un espíritu de las aguas que se pone a jugar con ellas. En ese momento, Rusalka, la cuarta hermana, se despierta y confía a su padre que se ha enamorado de un Príncipe humano joven que suele cazar alrededor del lago, y ella desea convertirse en humana para poder abrazarlo. El padre, tras advertirle que si hace eso perderá la inmortalidad y viendo que está decidida, le dice que vaya a hablar con la bruja Jezibaba. Rusalka canta su Canción de la Luna, pidiéndole que le cuente al Príncipe su amor. Jezibaba le dice a Rusalka que si se convierte en humana y es traicionada por el príncipe, tanto ella como el príncipe serán malditos por toda la eternidad, y que Rusalka perderá su voz cuando sea humana. Rusalka, que sólo piensa en el amor, acepta y Jezibaba le da un bebedizo. Llega el príncipe, cazando una cierva blanca, y le pregunta si es ninfa o humana. Rusalka lo abraza y se la lleva al palacio. Su padre y hermanas se lamentan.
Acto II
El jardín en el palacio del príncipe
Los preparativos para la boda entre Rusalka y el príncipe se llevan a cabo. Un guardabosques y su sobrino, el pinche de cocina, señalan que el príncipe se va a casar con una novia muda y anónima, sospechas de brujería y dudan de que el matrimonio dure, puesto que el príncipe ya está prestando atención a una Princesa extranjera invitada a la boda. La Princesa extranjera, celosa, maldice a la pareja. El príncipe rechaza a Rusalka.
Sigue un ballet, tras el cual el padre de Rusalka entra en escena. Encuentra a su hija desesperada y le pregunta si es esa la felicidad que buscaba entre los humanos. Rusalka, que sí puede hablar con su padre, le pide ayuda. El duende del agua se lleva a Rusalka de vuelta a la laguna. Para concluir el acto, el príncipe y la princesa extranjera entran de nuevo en escena. El príncipe le declara su amor a la princesa, ésta le dice al príncipe que ya no lo quiere y que siga a Rusalka al infierno.
Acto III
Un prado al borde de un lago
Rusalka está desesperada, puesto que no es ninfa ni humana, su única tarea será conducir a los hombres a la muerte. Pide a la bruja Jezibaba que la ayude y ésta sugiere que mate, con la daga que le entrega, al hombre que la llevó a la perdición, pero Rusalka se niega, lanzando la daga al lago. Rusalka se convierte en una bludička, un espíritu de muerte que vive en las profundidades del lago, emergiendo sólo para atraer a los humanos a la muerte.
El guardabosques y el pinche de cocina bajan al fondo del lago para pedir a la bruja que los ayude, puesto que el príncipe está desolado desde que Rusalka lo abandonó
El espíritu del agua aparece en escena y los criados huyen aterrorizados y culpa al príncipe de la traición sufrida por su hija Rusalka. Las duendecillas del bosque lamentan la petición de Rusalka. El príncipe, siguiendo a su cierva blanca, llega al lago, y siente a Rusalka y la llama. Le pide que lo bese, incluso sabiendo que este beso significa la muerte y la perdición. Se besan y el príncipe muere dichoso. Y el espíritu del agua comenta que "Todos los sacrificios son fútiles". Rusalka agradece al príncipe que le permitiera experimentar el amor humano, encomienda su alma a Dios y regresa a su lugar en las profundidades del lago como un demonio de la muerte.